Día de la Conciencia Ambiental

2 de octubre de 2012

El 27 de septiembre de 1993, en Avellaneda (provincia de Buenos Aires), un escape de gas cianhídrico mató a siete personas. No fue una simple tragedia: alguien había echado ácido sulfúrico a las cloacas y, a pocas cuadras y al mismo tiempo, otra persona había tirado sales de cianuro. En el agua estancada se formó ácido cianhídrico, y el gas escapó por una rejilla de una casa. Dos años más tarde, se decidió conmemorar cada 27 de septiembre el Día Nacional de la Conciencia Ambiental (una fecha que ahora se celebra en todo el mundo).

El cuidado del medio ambiente es una de las responsabilidades primarias de todos.

La conmemoración de este día debe ayudar a concientizar sobre la importancia del cuidado del planeta, para nosotros y para las generaciones venideras.

Uno de los recursos naturales más importantes que tenemos es el agua. Y, en estos días de concientización, es importante recordar cómo debemos cuidarla durante todo el año.

La realidad es que aún no lo hacemos, ni en Rafaela ni en casi ningún lugar del mundo occidental: derrochamos el agua potable, la malgastamos, la tiramos, nos olvidamos de valorarla.

El agua es un recurso que se suele dar por sentado cuando, en realidad, más de mil millones de personas en todo el mundo no tienen ni siquiera acceso al agua potable. Porque, si bien el 75% de nuestro planeta está ocupado por agua, el 97,5%  es agua salada, y sólo el 2,5% es agua dulce. Y mucha de esta agua dulce es hielo. Para entenderlo mejor: si toda el agua del planeta se colocase en un balde, sólo una pequeña cucharita de té sería la cantidad de agua potable disponible. Y lo peor no es eso: en la mayoría de las regiones, el problema no es la falta de agua dulce, sino la mala distribución del recurso y su derroche.

El agua tiene muchos usos. El consumo doméstico es, probablemente, el que nos toca más directamente: tiene que ver con la alimentación, la limpieza, el lavado de ropa, la higiene personal… Pero también hay otros consumos, en los que tenemos mucho que ver como ciudadanos: el público (limpieza de las calles, en las fuentes públicas, riego de parques y jardines); el uso en agricultura -para el riego de los campos- y en ganadería -como parte de la alimentación de los animales; y en la industria (en el proceso de fabricación de los productos que luego consumimos, en los talleres, en la construcción).

En Rafaela, el consumo total es altísimo: 330 litros por habitante, por día, cuando la Organización Mundial de la Salud recomienda que sea de 80 litros. Es decir, cada día, cada uno de nosotros consume 250 litros más de lo que es ambientalmente aceptable.

Hace falta que empecemos a cuidar nuestra agua. Por ejemplo: una canilla que gotea gasta, en 24 horas, 46 litros de agua. ¿No es mejor arreglarla?

Otro ejemplo: una ducha de 15 minutos supone 60 litros. ¿Y si nos duchamos en la mitad de tiempo, ahorramos 30 litros?

Son muchas las cosas que están a nuestro alcance para hacer un consumo responsable:

– Cerrar la canilla mientras nos lavamos los dientes o nos afeitamos.

– Revisar y reparar las pérdidas en cañerías, llaves de paso y canillas.

– Barrer las veredas en lugar de lavarlas.

– Lavar menos el auto, y usar un balde en lugar de la manguera.

– Instalar reductores de caudal  o aireadores en las canillas y duchas, y mecanismos de doble descarga en los sanitarios.

– No usar el inodoro como basurero.

– Elegir plantas autóctonas para los jardines, que están adaptadas a nuestro clima y requieren menos riego.

– Cuando sea imperativo regar, hacerlo por la mañana temprano para reducir la evaporación. Además, colocar un aspersor a gatillo en el extremo de la manguera, de modo de poder controlar y dirigir eficientemente el caudal de agua.

– Conservar el agua de la piscina en buen estado durante todo el año, evitando así el tener que llenarla a comienzo de cada temporada.

– Al lavar los platos, es mejor enjabonarlos con el agua contenida en la pileta, y no bajo el chorro de agua (ahorro de hasta 100 litros por

lavado).

– Antes de usar lavarropas y lavavajillas, aguardar a completarlos a su capacidad máxima (cada carga completa usa casi 200 litros de agua).

 

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